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Mank

Mank: Fincher entre el esplendor y la hipocresía de Hollywood

En Mank, David Fincher rasga el velo de la Edad de Oro de Hollywood, revelando las depravadas políticas debajo de las superficies de la industria del cine

En The Social Network (2010), David Fincher dirigió su mirada hacia el lugar que años más tarde se convertiría en el escenario de fake news y desinformación, provocando nuevas formas de libertinaje político. Esa película es el pentimento discernible debajo de las superficies de Mank que confronta las implicaciones políticas que Fincher pasó por alto en la película anterior.

Esta sensación de conflicto continuo, y del interés personal del director en él, emerge al pasar casi desapercibida, en una escena casi desechable que, sin embargo, está escrita y filmada con brillantez, y que expone en dónde reside su pasión más intensa.

La escena muestra a Mank en los estudios MGM en compañía de su hermano menor Joseph (Tom Pelphrey), entonces un guionista novato, en compañía de Louis B. Mayer, quien acaba de contratar al joven Mankiewicz.  En una largo plano secuencia a través de los pasillos de los sets, Mayer inicia al nuevo empleado en las formas de MGM y, en un florecimiento final, aborda su propia práctica mientras también, como en la propia voz de Fincher, habla sobre el arte y el negocio del cine.

“Este es un negocio en el que el comprador no obtiene nada por su dinero más que un recuerdo”, dice Mayer. “Lo que compró todavía pertenece al hombre que lo vendió. Esa es la verdadera magia de las películas.«

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Desde hace ochenta años, se estableció un debate en los círculos académicos acerca de quién fue el verdadero escritor del guion de la celebre película Citizen Kane (Orson Welles, 1941). La crítica de cine Pauline Kael estableció que el guionista Herman J. Mankiewicz fue el autor, mientras que Wells solo robó el crédito, adjudicándose la obra. Sin importar como haya sido, lo cierto es que ambos compartieron el crédito en pantalla, así como también el único premio de la Academia que ganó la película

Lo mejor de Mank es que no se trata de la afirmación enérgicamente hecha por Pauline Kael en su pieza Raising Kane, que Herman J. Mankiewicz escribió el guion de Citizen Kane por sí mismo, sin intervención de nadie y que Orson Welles,  el director, productor, estrella y coguionista acreditado de la película, casi le roba el crédito. Este es un hecho que Fincher incluye en la cinta, pero que lo minimiza de manera increíble. Mank trata sobre por qué Mankiewicz escribió Citizen Kane, qué experiencias lo inspiraron a escribirla y fueron esenciales para ello, y por qué fue la única persona que pudo haberlo hecho.

David Fincher parece adherirse a la noción de que Citizen Kane es un escrito profundamente personal del guionista, aunque su película no pretende quitarle ningún crédito al propio Wells. Deja en claro que Mankiewicz, interpretado por Gary Oldman, escribió el guion como una forma de exorcizar algunos de sus demonios.

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La cinta narra la relación del guionista con William Randolph Hearst y Marion Davies, las dos figuras en las que se basó Kane. Al igual que Citizen Kane, Mank toma su estructura y se construye a base de flashbacks. Su presente se desarrolla en 1940, cuando Mank es llevado a una casa en un rancho en Victorville, California. Mank tuvo un accidente automovilístico y tiene una pierna rota. Es desde la cama donde estará escribiendo el guion encargado por Orson Welles.

La fuente principal del ciclo de flashbacks inicia en una ronda de dictados que Mank le hace a su secretaria Rita: ella reconoce que el protagonista del guion es el magnate de la prensa William Randolph Hearst (Charles Dance), y su pregunta a Mank acerca de Marion Davies, la joven y hermosa amante de Hearst, desemboca en un flashback de su primer encuentro en 1930.

La larga relación entre Mank y Hearst forma el núcleo de la película y da lugar a las escenas con desarrollo más dramático. Su primer encuentro involucra la visita del guionista a San Simeon, el ducado virtual de Hearst a lo largo de la costa de California. Allí se está filmando una película, financiada por Hearst y supervisada por el jefe de MGM Louis B. Mayer (Arliss Howard), para elevar la posición profesional de Davies en una industria que se adentra en el cine sonoro. Mank impresiona a Hearst con su célebre ingenio y se gana la primera de muchas invitaciones para cenar en su palacio, además de conseguir un trabajo como guionista en MGM. 

La política y sus perversas distorsiones en los medios de comunicación se alzan en el centro de la historia. En 1933,  durante una fiesta de Hearst repleta de gente de MGM, la discusión gira hacia la inminente carrera para gobernador de California, en la que participa el escritor socialista Upton Sinclair.

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Mayer, un republicano, habla con horror del socialismo, incluso cuando la Depresión hace estragos y Roosevelt, recién en el cargo, apenas está comenzando a instituir sus políticas del New Deal. Davies le dice a Mank que, en la casa de Hearst, Sinclair es innombrable; cuando la contienda para gobernador se calienta, en 1934, después de que Sinclair ganara la nominación demócrata, MGM, respaldada por Hearst, lanza su considerable peso detrás del oponente republicano de Sinclair.

Las principales armas del estudio son su prestigio y, lo que es más importante, el cine en sí: MGM produjo una serie de transmisiones de radio falsas, y luego noticieros falsos en contra del socialismo. El hostigamiento al socialismo no era nuevo, por supuesto, pero Mank presenta estos comerciales como el elemento que contribuyó a la derrota de Sinclair y lo que hizo al guionista desilusionado romper su relación con Hearst.

Estas escenas centradas en la política, que giran en torno a las maquinaciones de la alta sociedad, dan lugar a la escritura del guion de Citizen Kane. También son la razón de ser de Mank y sus partes más dramáticas e históricamente resonantes. Son lo que Fincher parece haber estado más interesado en filmar; el resto se siente como una cadena de dominó ensamblada al revés, diseñada para resultar en ellas.

La actuación de Oldman es inmensa, activa en voz, gesto y expresión facial, y cuando no está haciendo nada, no está actuando en absoluto, se descubre la profundidad que tiene su protagonista cuando no es ingenioso, o el patetismo de lo que tiene atrapado en la mente mientras trabaja infelizmente en Hollywood.

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Fincher está interesado en el personaje de Mankiewicz, la luz brillante del ingenio mordaz y la perspicacia aprendida que fue ensombrecida por el alcoholismo, el juego y otras formas de vida licenciosa, para la época, claro. Sin embargo, en lugar de observar a ese personaje en acción, Fincher hurga en los relatos publicados de su vida. Añade detalles atractivos y reveladores, que vuelve a ensamblar fuera de contexto y cronología, y calza la película siempre que puede, construyendo un marco psicológico claro pero simplista.

En The Social Network, su otra película biográfica, la ficción era lo suficientemente vívida como para suplantar la realidad en la que se basaba, para darle una mayor densidad, especificidad, resonancia e interioridad que las conocidas historias documentadas de la vida de Mark Zuckerberg y la creación de Facebook. En Mank, por el contrario, la ficción se queda corta: en lugar de tomar el relevo de los eventos de la vida real, se aproxima a ellos, principalmente en dimensiones más pequeñas. The Social Network crea, Mank dice.

Mientras Citizen Kane es la caricatura de un personaje público relevante, Mank es un relato áspero que no pretende ser un pasatiempo, sino una crítica despiadada a la industria del cine y sus manejos. 

Mank Puntaje: 8/10